Colección shunga del International Research Center for Japanese Studies (Nichibunken 日文研)

Hasta donde estoy informado, esta es la única colección de estampas eróticas que posee y difunde abiertamente una institución pública japonesa. Su origen data de aproximadamente unos 20 años atrás, cuando Hayakawa Monta 早川聞多, profesor de esta institución, comienza a investigar sobre shunga, en un momento, cuando en Japón existían muy pocos especialistas en el tema, y la gran mayoría de ellos trabajaban de manera independiente, sin mayores vínculos con instituciones académicas, como lo fue el caso de Hayashi Yoshikazu 林美一 y de Richard Lane, por poner sólo dos ejemplos.



Es desde entonces, el International Research Center for Japanese Studies, más conocido por su acrónimo japonés Nichibunken, y la figura de Hayakawa, uno de los escasos núcleos que, para el estudio del shunga, se encuentran en Japón y el mundo. No sólo en lo relativo al desarrollo de la colección en cuestión, sino también en la organización de eventos y seminarios de trabajo con los originales, la compra activa de casi todo lo que ha sido publicado sobre el tema, y que convierte a la biblioteca de este instituto en una base imprescindible, así como proyectos de publicación y de traducción al inglés de parte de su acervo. Uno de estos proyectos, que cuenta ya con un poco más de 10 años, es la colección de textos Nichibunken shozō: Kinsei enpon shiryō shūsei 日文研所蔵:近世艶本資料集成 (Antología de fuentes moderno-tempranas de libros eróticos de la colección Nichibunken), y que ha publicado ediciones facsímilares con traducción al inglés de 10 libros shunga de su colección. Estos textos, al ser Nichibunken una institución pública, no se comercializan, sin embargo pueden ser consultados libremente y en su totalidad a través del sitio web de la institución, en la sección de Japanese Studies Series.
Paralelamente a este proyecto editorial, la institución ha creado una base de datos en línea donde se encuentran digitalizados todos los ejemplares de la colección. A esta base de datos se puede acceder a través del portal web de la institución, para el que se necesita un registro previo, y en donde, además de las imágenes, también hay títulos que ofrecen la transcripción al japonés moderno, de la totalidad de sus textos.
Hoy día se estima que la colección de estampas eróticas japonesas de Nichibunken, asciende a unos 776 registros que están compuestos de libros ilustrados, álbumes y algunos rollos. Uno de los puntos fuertes de la colección es que ha tratado de comprar aquellas ediciones, que aún se pueden encontrar en el mercado, que mantienen un óptimo nivel de conservación, por lo que un número importante de sus piezas puede ser apreciada sin grandes pérdidas en cuanto a la degradación de las tintas de color.
La colección cuenta con ejemplos de casi la gran mayoría de los ilustradores de ukiyo-e más conocidos del período Edo (1603-1867), como son: Hishikawa Moronobu, Okumura Masanobu, Nishikawa Sukenobu, Suzuki Harunobu, Katsukawa Shunshō, Kitagawa Utamaro, Katsushika Hokusai y Utagawa Kuniyoshi, entre muchos otros.
Okumura Masanobu, \”Shidōken koi no hadaka hyakkan\”, s. XVIII
Kitagawa Utamaro, \”Ehon toko no ume\”, 1800
Katsushika Hokusai, \”Manpuku wagōjin\”, 1821
Utagawa Kunisada, \”Sentō shinwa\”, 1827

Exhibición de ukiyo-e en La Habana I

Les comparto aquí el anuncio de esta exhibición de estampa japonesa ukiyo-e, que se inaugura el próximo sábado 29 de marzo en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, y para la que colaboré como curador invitado.

Será la primera vez que este Museo organiza una muestra temática de una parte pequeña de su acervo de estampas japonesas. Los tres núcleos a partir de los que se estructura la exposición son: personajes históricos samuráis representados en los ukiyo-e, las estampas de guerreros y la literatura, y las estampas de guerreros y el teatro kabuki.
Esta exhibición es parte de las actividades que se están organizando en Cuba por los 400 años de los primeros contactos Cuba-Japón. En ella trabajé conjuntamente con Teresa Toranzo y Manuel Crespo, curadores del Museo.
Abajo, he insertado la nota de prensa que la Embajada de Japón en Cuba realizó sobre la muestra.

El "Libro de los Insectos" de Utamaro

Hace un tiempo ya, traduje al español un texto del investigador John Carpenter sobre los procesos de digitalización en las humanidades, en específico el arte japonés, donde comentaba sobre el proyecto digital de las colecciones del Museo Fitzwilliam en Cambridge. Para ilustrar el trabajo con esta colección, él utiliza varios ejemplos del libro de Kitagawa Utamaro Ehon mushi erami (El libro de las criaturas rastreras), publicado en 1788 por el editor Tsutaya Jūzaburō (1750-97).
En este libro, se combinan imágenes de insectos con poemas kyōka seleccionados por Yadoya no Meshimori (Rokujuen), quien además escribió el prefacio, compuestos por los más renombrados poetas de los círculos de kyōka del momento.
Les brindo aquí algunas de las imágenes y los poemas que en ese entonces traduje al español para que puedan disfrutar al menos de fragmentos de este libro. Si desean, pueden consultar el proyecto del Museo Fitzwilliam para revisar la totalidad del texto.

Oruga velluda
ke o fuite 

kizu ya motomen
sashitsukete
kimi ga atari ni
hai-kakarinaba 

Si treparas sobre ella
sólo te daría escozor,
ya que, dice el refrán,
“¡si soplas el pelo de otro
saldrán a la luz tus propias faltas!”

 ̶ Yomo no Akara

Avispa cartonera
kowagowa ni
toru hachi no su no
anani eya
umashi otome o
mitsu no ajiwai

Como cuando llego
a la entrada de la colmena,
soy tímido al encontrarme
con una bella y joven dama
que sabe a dulce miel
 ̶ Shiriyake no Sarundo

Grillo de matorral

yona yona wa
umaoi-mushi no
ne ni zo naku
kimi ni kokoro no
hazuna nobashite 

Noche tras noche larga,
yo relincho, relincho,
cual insecto “a caballo”,
como corazón encabestrado
que se desboca hacia ti

 ̶ Karagoromo Kisshū
Ciempiés

negawakuba
kimi ga tsubaki ni
tokedoke to
tokete nebuto no
kusuri to mogana 

Si pudiera cumplir mi deseo,
estaría cerca de ti,
durmiendo sonoramente a tu lado,
para que tu saliva me derrita
y sea un bálsamo para curar furúnculos

 ̶ Shikatsube no Magao
Rana

hito zute ni
kudokedo kubi o
furu ike no
kairu no tsura e
mizuguki zo uki 

¡Qué triste! Mi carta de amor
que envió el intermediario
hizo mover su cabeza a un
“no” – como el agua hace
frente a una rana en el viejo estanque

 ̶ Yadoya no Meshimori

Colección de shunga del Museum of Fine Arts de Boston

Originalmente publicado en Los apetitos de la buza, el 30/05/2010

En otros textos y comentarios mios fuera de este Blog, he hablado de la extrema importancia que reviste, para cualquier estudio que sobre el shunga se realice así como para aquellos que se lancen a hacerlo, el contacto directo con aquellos medios que funcionaron de soporte para esas imágenes. A pesar de que la investigación académica del shunga comenzó muy recientemente, más en concreto en la década de 1990(1), con relativa frecuencia  nos encontramos con algunas publicaciones que basan su estudio en reproducciones de estas piezas, obviando así tanto aspectos esenciales de su fisicalidad y de sus contextos narrativos, como el hecho de que casi nunca estas piezas se producían de manera aislada, sino como ilustraciones de libros (enpon 艶本), álbumes (kumimono 組物) o rollos ilustrados (emaki 絵巻).

Sin embargo, el gran dilema con que nos enfrentamos muchos de los pocos que nos hemos dedicado a este objeto de estudio, es dónde están esas colecciones y cómo conseguimos acceso a esas piezas. Es por esto, que he decidido crear una nueva sección en el Blog para dar a conocer algunas de las coleciones de shunga más importantes (y las menos importantes también) que conocemos hoy día.
Por supuesto, esas colecciones que iré presentando en los diferentes posts, que sobre el tema incluirá el Blog, son sólo aquellas a las que he tenido aceso o que conozco. Siguen quedando en el anonimato muchas colecciones privadas de shunga, así como otras guardadas en instituciones que aún niegan su existencia.
Comenzaremos esta sección con una de las colecciones de arte japonés más importantes de los Estados Unidos, la del Museo de Bellas Artes de Boston. Además de importantísimas piezas de arte budista, así como de otros circuitos y periodos, que posee el Museo gracias a los esfuerzos de Ernest Fenollosa (1853-1980), Okakura Kakuzō (1862-1913), y otros coleccionistas y personajes claves de la sociedad bostoniana de fines del siglo XIX(2), esta institución posee la colección de ukiyo-e más grande del mundo que se encuentra fuera de Japón.

Fotos: Izquierda, entrada norte del Museo; derecha, foto de Bigelow en peregrinación a un templo budista.

Con un aproximado de 50,000 estampas, una parte considerable de esta colección fue formada por el médico y coleccionista de arte japonés William Sturgis Bigelow (1850-1926). Bigelow comenzó a estructurar su colección durante el tiempo que vivió en Japón, a fines del siglo XIX, y a su retorno a Boston la donó al Museo, junto con las demás piezas que juntó. Una de las condiciones que impuso Bigelow al Museo fue que su colección de ukiyo-e jamás fuera exhibida, para así poder garantizar la conservación de los colores de las estampas, que se deterioran rápidamente al contacto con la luz, por lo que los únicos accesos a ellas durante mucho tiempo fueron para los especialistas y a través de las reproducciones que se publicaron en algunos libros y catálogos. Afortunadamente, hace unos cinco años hubo cambios importantes en el staff del Museo, y se lanzaron varios proyectos, uno de ellos encaminado a la digitalización de toda la colección de ukiyo-e. Éste proyecto, dirigido por la nueva curadora de la colección de ukiyo-e, Sarah E. Thompson, hasta el momento ha logrado digitalizar apróximadamente el 80% de todas las piezas, entre ellas, la colección Bigelow, que por vez primera puede ser vista a través de las bases de datos del Museo, disponibles vía WEB.
Como es lógico suponer, la colección de ukiyo-e del Museo debía contar con shunga. Esta sección de la colección, que está sobre todo formada por libros ilustrados y algunas estampas extraidas de álbumes, también proviene mayormente de lo que Bigelow compró en Japón. Por cuenta de las políticas puritanas(3), así como del desinterés de los anteriores investigadores del Museo, todos esos libros shunga se mantuvieron en cajas a lo largo de casi 100 años. Es justo a partir de los cambios en el Museo, que mencioné anteriormente, que por primera vez se lanza un trabajo de catalogación de esas piezas (que aún está en proceso), en el que se considera también su futura digitalización.

Fotos: Izquierda, ilustración (con partes de páginas que se despliegan) de Utagawa Kunisada para el libro Monmōgawa 文盲我話 (1827); derecha, ilustración de Kunisada para el libro Hyakki yagyō 百鬼夜行 (1825).

La colección de shunga del Museo está compuesta por 50 pinturas shunga, 210 títulos de libros ilustrados, enpon (muchos de ellos formados por dos o tres volúmenes), y 72 estampas extraidas de álbumes (algunas de ellas todavía se conservan como parte del juego original, como por ejemplo la copia de Sode no maki 袖の巻, del ilustrador Torii Kiyonaga 鳥居清長 (1752-1815), unas de las mejores conservadas que he podido ver). Un número considerable de los libros enpon son del siglo XIX, y por cuenta de que Bigelow los adquirió muy poco tiempo después de ser publicados, por las condiciones que se impuso a la colección, y por haber estado guardados casi por cien años, su estado de conservación y la calidad de los colores, son realmente magníficos. Algunas de las obras de Kuniyoshi y de Kunisada que pude examinar allí hace unos pocos meses, parecen haber sido traidas en una máquina del tiempo directamente desde Edo. Esta es una de las carácterísticas más sobresalientes de la colección shunga del Museo, que rara vez encontramos en lo que ha podido ser conservado hasta el día de hoy. Incluso, la excelente colección de Nichibunken (International Research Center for Japanese Studies), en Kioto, no compite con algunos de los ejemplares del Museo de Boston.
Finalmente, las ilustraciones que estoy incluyendo aquí en el post son algunas de las fotos que pude tomar de una minúscula parte de la colección de shunga del Museo, en una muy breve estancia de tres días que realicé en el pasado mes de marzo. Todos los ejemplos que he incluido son de libros enpon de la primera mitad del siglo XIX, del ilustrador Utagawa Kunisada (de quien hemos hablado en post anteriores).

Fotos: Izquierda, ilustración de Kunisada para el libro Hakataobi musubuga migoto (1829); derecha, ilustración de Kunisada para Shunjō gidan mizuage-chō 春情妓談水揚帳 (1836).

NOTAS
1. Si bien es cierto que la mayor actividad en ese sentido se concentra a partir de esos años, hubo casos aislados previos a esa fecha, como el texto de Tom & Mary Anne Evans, Shunga: The art of love in Japan (Paddington Press, Nueva York, 1975), o en el caso japonés las investigaciones de Yoshida Teruji 吉田暎二 (1901-1972), Richard Lane (1936-2002), y, sobre todo, el importante trabajo de Hayashi Yoshikazu 林美一 (1922-1999).
2. Dos excelentes textos recientes que abordan la actividad de coleccionismo de arte japonés en la ciudad de Boston, a fines del siglo XIX son: Christine M.E. Guth, Longfellow\’s Tattoos. Tourism, Collecting, and Japan (University of Washington Press, Seattle, 2004); y Christopher Benfey, The Great Wave. Guilded Age Misfits, Japanese Eccentrics, and the Opening of Old Japan (Random House, New York, 2004).
3. En conversación con la curadora de la colección, Sarah E. Thompson, supe que muy pocas personas tuvieron acceso a esas piezas hasta hace menos de 10 años, ya que las autoridades del Museo de entonces, requerían que fueran investigadores \”serios, casados y hombres\”.